domingo, 25 de septiembre de 2011

ÁNGEL MARTÍNEZ MIQUÉLEZ


El P. Ángel Martínez Miquélez fue detenido junto al P. Crescencio Ortiz el día que se se rendió el Cuartel de la Montaña de Madrid. Sirva este video para ambientar la narración:

video

Su infancia y vocación
José Martínez Polo se llenó de alegría en la madrugada del día 2 de marzo de 1907; su esposa, Juana Miquélez, con la que se había casado en segundas nupcias después de morir su primera esposa, había dado a luz a su hijo primogénito. Había nacido a las 4 de la mañana (Registro Civil de Funes (Navarra), año 1907, libro 13, folio 185, nº 3) en el domicilio familiar en Funes (Navarra). Como familia profundamente cristiana, lo llevó el día 3 a la iglesia Parroquial de Santiago para incorporarlo a la Iglesia a través del Bautismo imponiéndole el nombre de Ángel (Parroquia de Funes, Libro de Bautizados nº IX, folio 95 vto, nº 3); fue su madrina la hermana de su padre, su tía Magdalena Martínez, quien lo consagró a la Virgen María después de sacarlo de la pila bautismal.
 
Iglesia de Santiago de Funes
Pero la crisis económica hizo mella en la familia Martínez Miquélez, y hubieron de emigrar a Argentina cuando Ángel contaba 5 años y ya habían nacido sus hermanos Juan y Javier. No tuvieron suerte en el nuevo mundo y se vieron obligados a volver a su pueblo de Funes a los dos años de haber partido. Unos cuatro meses después de regresar de “hacer las Américas” cuando ángel contaba unos 7 años, moría Juana, su la madre, el día 18 de noviembre de 1914, a los 30 años. Tan duro golpe lo describe Ángel con estas palabras: “Mi pena y desconsuelo fueron tan grandes q. nunca, creo, se me borrarán. Quedaba, pues, mi padre con tres hijos pequeños. Mas cuando por una puerta entraba en mi familia, se introducía por otra el Señor para llevarme a donde me tenía deparado, otro más dichoso hogar, la Casa de Dios” (Curriculum vitae, p. 3). En mayo de 1915, cuando contaba con apenas 7 años recibió en su querida iglesia parroquial de Santiago Apóstol el regalo de la Eucaristía, y con Jesús, un segundo regalo, la vocación:  

“Por el mes de Mayo de 1915 tuve la dicha de recibir en mi pecho por primera vez a Jesús Sacramentado, y con esta tan bella aurora se iniciaba para mi alma el día de las gracias extraordinarias q. Dios quería concederme. Sentía yo, en efecto, desde pequeño una marcada inclinación al sacerdocio, y me recuerdo q. teniendo más de nueve años, me entretenía con otro hermano mío en imitar las ceremonias de la Santa Misa.” (Curriculum, pp. 3-4).
Con la muerte de su madre, fue su tía Magdalena quien marcó su educación y su vida, y quien estará presente en los momentos decisivos de su biografía. Preocupado por la educación de sus hijos, viendo el ingenio de Ángel y la situación en que quedaba la familia, D. José, su padre, logró que le admitieran de forma gratuita en el colegio de los PP. Escolapios de Pamplona. Con toda seguridad, aquí recibió la Confirmación y con el Sacramento el don del Espíritu para afrontar los momentos difíciles y dar testimonio de su fe.

Pero aún andaba D. José buscando donde podía dar cauce su hijo Ángel a la vocación religiosa cuando tuvo lugar una Misión en Funes, predicada por los Redentoristas de San Ignacio de Pamplona. Los misioneros fueron el R.P. Bartolomé Prieto y el Siervo de Dios R.P. Donato Jiménez (martirizado también en Madrid en 1936). Durante estos días Ángel se encontraba en Pamplona, en el internado. Su madrina, la tía Magdalena, habló a los misioneros de su sobrino, del que sabía que sentía inclinación al sacerdocio. Como no pudieron encontrarse con él, tuvieron que esperar unos meses, hasta la renovación, en la que el P. Donato Jiménez pudo conocerlo. Ángel, un muchacho entonces de 11 años, quedó admirado de la vida que llevaban los misioneros y el 4 de marzo de 1918, Ángel ingresaba en El Espino (Burgos), Seminario de los Redentoristas de España, acompañado del P. Jiménez. Unos años más tarde, Ángel mismo dirigió los pasos de su hermano Juan hacia el Espino, donde ingresó el 5 de septiembre de 1922 y profesó en la Congregación del Santísimo Redentor como hermano coadjutor, adoptando el nombre de H. Fermín.
Ángel y Juan Mart. Miquélez en El Espino
Vida en la congregación del Santísimo Redentor


Desde el 4 de marzo de 1918 al 16 de junio de 1924 Ángel permanecerá en el El Espino (Burgos); en agosto de 1924 tomará el tren camino de Nava del Rey (Valladolid) para realizar el Noviciado. Lo mismo en el Jovenado que en el Noviciado, la vida de Ángel no ofrece novedad especial. Era bueno y estudioso. El 23 de agosto de 1924 viste el hábito redentorista, y el 24 de agosto de 1925 hizo su profesión religiosa. El P. Rafael Cavero, CSSR., Maestro de novicios, hace este perfil de él:

“Buen ingenio, buen juicio, buena índole, serio, recto, piadoso, constante, muy amante de la vocación. Un poco terco” (P. Lucas Pérez, Fichas sobre el P. Ángel Miquélez: APRM., sec. Mártires, documento sig. 1211101, ficha 4).

Una vez hubo profesado, de nuevo tomó el tren en dirección a Astorga (León) a la Casa Estudiantado de los Redentoristas de España; allí realizará sus estudios de Filosofía y Teología necesarios para el sacerdocio. El 15 de septiembre de 1928 realizaba en Astorga su Profesión Perpetua, que le abría el camino sacerdotal; los días 20 y 21 de diciembre de ese mismo año recibía de manos de Mons. Mutiloa la Tonsura y las Órdenes Menores; pasados dos años, el día 15 de junio de 1930 era ordenado de Subdiácono, el 14 de septiembre de Diácono y el 20 del mismo mes recibía el Presbiterado.
Ángel M. Miquélez (Fila 1ª - 2º der)
con sus compañeros de Ordenación

Terminado su período en el Estudiantado viaja a Nava del Rey (Valladolid) para realizar su Segundo Noviciado bajo la tutela del S. D. Antonio Girón; de este periodo nos han quedado varios sermones para ser predicados en las misiones. Sin embargo no va a ser destinado como misionero. Habiendo destacado durante sus estudios por su inteligencia y aplicación fue destinado de nuevo a Astorga (León) como profesor de Filosofía; allí llegaba el 12 de octubre, coincidiendo durante un año con su hermano Juan (H. Fermín). En septiembre de 1932 además de la Filosofía, se hace cargo de las clases de Literatura en el Estudiantado y se le confía la tarea de formador, como Socio 2º del P. Prefecto, el RP. Carlos Otero. Allá en Astorga residirá hasta enero de 1934.

Miquelez  (1ª fila - 4º der.) en Astorga en calidad de formador
Agotado por el estrés y el mucho trabajo en la preparación de sus clases, sufre una crisis nerviosa y el 20 de enero de 1934 se traslada a El Espino (Burgos) para reponerse. Repuesto, durante este tiempo de descanso se empleará en el ministerio de la confesión y predicará las misiones de Lasarte y Berrosteguieta (Álava) predicadas del 3 al 12 de abril. El cronista nos deja estas palabras sobre él:

“En los tres meses y medio que ha pasado entre nosotros nos ha dado ejemplos dignos de alabanza e imitación; a pesar de hallarse mal de salud ha confesado ordinariamente a los jovenistas; ha llevado en algunas ocasiones el peso, verdaderamente abrumador en ciertos días (v. gr. El Domingo de Ramos, el Jueves Santo, etc) de las confesiones en la iglesia; se prestó a salir de misiones al fin de la campaña, predicando dos de ellas cerca de Vitoria”. (Crónica de El Espino, año 1934, p. 281)

A esta capacidad de trabajo, lo acompañó su bondad para con todos y una constante preocupación por su familia, de la cual no se desentendió, tal como manifiesta en sus cartas. Durante esta estancia en el Espino aprovechó para visitarla y conocer a sus dos hermanos pequeños, Francisco y Mª Jesús, nacidos de las terceras nupcias de su padre.

Angel M. Miquélez rodeado de su padre, su tía Magdalena
y sus hermanos Javier y Juan (H. Fermín)
El día 5 de mayo siguiente recibe un aviso para personarse ante el Provincial, que le destina a la Comunidad de Granada. Allí llega el 11 de mayo de 1934, y residirá hasta el 6 de octubre de ese mismo año, en que de nuevo toma sus maletas y coge el camino de Madrid, hacia la Comunidad del Perpetuo Socorro para hacer de Secretario particular del P. Provincial, José Machiñena. Durante su estancia en Madrid, además de su trabajo conmo Secretario, ayudará a reorganizar y fichar la Biblioteca, predicó con el P. Olarte la Misión de Alpedrete (Madrid) y con el P. Sarabia las de Chamartín de la Rosa y Griñón (Madrid). La misión de Griñón fue la última del P. Miquélez. Sacará también tiempo para escribir algunos artículos en la Revista del Perpetuo Socorro. En el último de éstos, publicado en junio de 1936 y escrito en medio de una situación social muy tensa, en la que se estaba viviendo desde las elecciones de febrero de 1936, nos dice:
“Hay en estos días un peligro por estos mundos españoles, que consiste en creer que la panacea y remedio universal para todos los males individuales, familiares, nacionales está en la farmacia de la política derechista. Papas, Prelados, la historia entera, y sobre todo el Santo Evangelio, nos dicen que no basta esta receta. … No es sólo de cambiar instituciones: lo esenciales mudar al hombre. .. ¿Cuál es el árbol que da fruto por estar soleado y bien abonado si tiene raíz mortecina?... No nos andemos todo el tiempo por las ramas y los contornos: cavemos bajo tierra y cuidemos las raíces” (Ángel Martínez Miquélez, El espíritu obrando… Almas, ¡todas a trabajar! en Revista El Perpetuo Socorro, Vol. XXXVIII (junio 1936) núm. 455, p. 219)
PP. D. Jiménez y A. M. Miquélez
El primero orientó al segundo a la CSSR.
En 1936 coincidirían en la comunidad martirial
de S. Miguel y ambos fueron martirizados
El 9 de Junio legan los nombramientos de Roma  poniendo al R.P. Carlos Otero al frente de la Provincia. Este escribe inmediatamente una circular a la Provincia con los nombramientos de Superiores y consultores venidos de Roma; a la vez comienza a hacer los cambios, que se fueron haciendo efectivos a comienzos de julio de 1936. Estos nombramientos llevan a Ángel a la otra comunidad madrileña, la Pontificia de San Miguel, para hacerse cargo de los jóvenes. Será allí, donde a los pocos días de llegar le sorprenderá la Revolución a los pocos días de su traslado.

Persecución y martirio de Ángel Martínez Miquélez

Ángel permaneció en la residencia de San Miguel hasta el día 20 de julio. La última Eucaristía en la Basílica Pontificia se celebró ese día a las siete de la mañana; una vez celebrada tuvo que cerrarse el templo por a la insolencia de las masas que procedía del asalto al Cuartel de la Montaña y al tiroteo que cada vez se hacía más nutrido. Se consumió el Santísimo y se dio la voz de “sálvese el que pueda”. Ángel tomó las llaves del Piso de Juan y Cosme Cabot Bestard, dirigentes del grupo de jóvenes de la Acción Católica que funcionaba en San Miguel, situado en la Calle Redondilla nº 4, 1º derecha, donde vivían con su madre, abuela y hermana; debido a la situación convulsa, la familia se había trasladado a una casa que tenían en Ugena (Toledo), habiéndole dejado las llaves del piso a los Redentoristas de San Miguel. Lo acompañaron el P. Crescencio Ortiz y el H. Gabriel. Cada uno, vestido de seglar, tomó un atillo de ropa y fueron saliendo de la residencia sin ser vistos. Bajaron por el callejón llamado Puñoenrostro para salir a la calle sacramento y en esa desembocadura, cuando iban a coger la calle del Dr. Letamendi para salir a la de Segovia, se toparon con una masa de milicianos armados procedentes de la Colina del Príncipe Pío, donde acababan de rendir el Cuartel donde se había acuartelado el General Fanjul. Ante la acusación de ser fascistas, dejándose llevar por la ingenua creencia de las tesis sostenidas por Ángel en el artículo anteriormente citado, pronunciaron su sentencia: “No somos fascistas, somos religiosos redentoristas”. 

Esquina donde fueron sorprendidos.
En el centro la Basílica.
  Detenidos por los milicianos fueron llevados al piso que el Círculo socialista de La Latina poseía en la cercana calle del Rollo nº 2, 2º Izq. El círculo estaba presidido por Antonio Fernández Velasco, y a él pertenecía Hilario de la Cruz, Silverio García Fernández…; todos ellos destacados por sus convicciones anticlericales. Después de un tiempo, un chico conocido de los redentoristas vio como los llevaban en un coche C. Segovia abajo en dirección de la Casa de Campo (Registro Civil de Madrid, Sección 3ª, Tomo 171-9, folio 168 vto., nº 563). No se volvió a saber de ellos.


C. Segovia en dirección a la Casa de Campo.
La mujer del guarda de la Asociación de Ganaderos de la Casa de Campo declara que “el mismo día de la rendición del Cuartel de la Montaña, unos grupos de milicianos llevaron a las cinco de la tarde alrededor de dieciséis personas entre las que había Oficiales, soldados y paisanos para fusilarlos. Eran todas personas de mediana edad... Todos los fusilados aquel día, que como ya tiene dicho eran alrededor de dieciséis debieron serlo sobre las tapias de la Mantequería, pues a su pie fueron hallados los cadáveres en dos grupos. No fueron enterrados allí sino que sus verdugos los trasladaron en una camioneta al Cementerio del Este” (Soledad de Oro García, Declaración jurada ante el Tribunal de la Causa General de Madrid. Madrid. 4 de abril de 1940: AHN., Sec. FF.CC. / Causa General de Madrid, Leg. 1506/1, Pieza Principal, Ramo 22, Fol. 5653). A esta declaración podemos sumar la de un funcionario del cementerio que nos dice que “El día 23 de Julio y los inmediatos que le siguieron, tuvieron entrada en el cementerio trescientos ochenta y ocho cadáveres procedentes, en su mayoría, de las personas asesinadas en la defensa del Cuartel de la Montaña, y el resto pertenecientes a gentes muertas violentamente en la lucha desencadenada en Madrid con motivo del alzamiento Nacional. Todos estos cadáveres fueron enterrados, solos y juntos, en una sola fosa” (Antonio Melgares Sáez, Declaración jurada ante el Tribunal de la Causa General de Madrid. Madrid. 16 de febrero de 1940: AHN., Sec. FF.CC. / Causa General de Madrid, Leg. 1506/1, Pieza Principal, Ramo 21, Fol. 5568 bis) y sigue diciendo que fueron identificados únicamente 84.

La fotografía de un cadáver sin identificar tomada en el depósito del cementerio de Madrid el 25 de julio de 1936 y anexa a una ficha de la Dirección General de seguridad para proceder a la identificación del cadáver fue cotejada con una del P. Ángel Martínez Miquélez por un médico forense; los resultados del cotejo fueron los siguientes: “El sujeto ha padecido un considerable maltrato. Presenta seis erosiones frontales, hundimiento del caballete nasal y restos de una gran hemorragia por este lugar. La mejilla izquierda y la oreja de ese lado aparecen desgarrados por el orificio de salida de un disparo por arma de fuego del que se desprende un reguero de sangre hacia el cuello. La facies hipocrática y el maltrato sufrido desfiguran parcialmente el rostro. No obstante, se aprecian también evidentes coincidencias entre el cadáver fotografiado y las fotos remitidas para cotejo. La estructura cuadrangular de la cara, la implantación del pelo, el pliegue de la raíz nasal, forma y tamaño de los pómulos, extremo de la nariz, orificio nasal, surco naso geniano derecho, estructura labial, especialmente el labio inferior, ángulo mandibular derecho y, a pesar del desgarro sufrido, los pliegues de la oreja izquierda son otros tantos puntos de coincidencia que nos permiten afirmar que la fotografía del cadáver pertenece al P. Miquélez”.
ORACIÓN
Para uso privado

Te pido Señor que me concedas la gracia de comprometerme en el anuncio del Evangelio con los jóvenes e inculcar en ellos el espíritu crítico ante la realidad, como lo hizo tu sacerdote misionero redentorista Ángel. Por Jesucristo nuestro Señor.
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