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lunes, 14 de enero de 2013

ALFREDO LA PUERTA DE OJEDA

Alfredo nació en 1913 en Lérida; era hijo de Valentín Lapuerta Osín y Agustina de Ojea Pomares. Se educó en Borja (Zaragoza). Posteriormente se trasladó a Madrid para estudiar en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Era caritativo, de carácter alegre, de Eucaristía y Comunión diaria. Actuó en la defensa de los religiosos durante la quema de conventos. Fue miembro del Centro de Acción Católica Mariano Alfonsiano.

En Madrid vivía en casa de unos familiares. Cuando comenzó la guerra civil se ausentó de su domicilio para no comprometer a sus familiares que le habían acogido, y permaneciendo escondido en una pensión de Madrid situada en la calle Sorni nº 15, 3º y 4º piso.

Con el nombre figurado de Alfredo Lama  Ortiz se sacó un carnet de la CNT y de la FUE y se instaló en una pensión de la calle Larra nº 15, 3º izq; el día 9 de octubre de 1937 se integró en la Brigada 44 del Batallón 173 del sector de las Rozas con el cargo de miliciano de cultura del Batallón 173, Brigada 44.
En ese batallón se encontró con el Capitán Ramón Cebrián García, quien le conoció por haber hecho ambos el servicio militar en la Escuela Central de tiro de Infantería. Este le puso a un miliciano armado para vigilarle. El día 11 fueron llevados él y un compañero a la Casa de las Trofas en el Pardo, que era el puesto del Mando de la Brigada. Allí fueron interrogados ambos, y mediado el interrogatorio se pidió al compañero que saliera. El chófer le contó al día siguiente cuando le trasladaba a Madrid, que su compañero Alfredo fue asesinado la noche anterior.

Su cadáver fue enterrado en el cementerio de El Pardo, donde reposa hasta la actualidad. Aunque no fue identificado, parece que coincidía con un miliciano enterrado el día 12 de octubre de 1937.

DOCUMENTOS

- Alfredo Lapuerta Ojeda. Ficha necrológica de Acción Católica
- Denuncia sobre Alfredo Lapuerta ante la Causa General: AHN. CAUSA_GENERAL, Leg.1503,EXP.3, pp. 107 y 108
- 2ª Denuncia sobre Alfredo Lapuerta ante la Causa General: AHN. CAUSA_GENERAL,1503,EXP.2, p. 223

lunes, 31 de diciembre de 2012

TOMÁS DE LA CERDA Y DE LAS BÁRCENAS

Tomás nació el 31 de mayo de 1908 en Madrid; era hijo de Rafael de la Cerda López de Mollinedo, director de la Junta de Obras del Puerto de Cartagena, y Tomasa de las Bárcena López de Mollinedo, hermana del que fue embajador de España en Londres, Domingo de las Bárcenas. Tomás fue bautizado en la Iglesia de San Miguel de Madrid el 2 de junio de 1908; Confirmado en Madrid, recibió la 1ª Comunión el 28 de mayo de 1915. En Madrid, vivó algún tiempo , en el nº 19, 4º de la calle de Sagasta. Después toda la familia se trasladó a vivir a la calle General castaño nº 9, 2º derecha.
Empezó sus estudios en el Colegio jesuita de Madrid de La Inmaculada y San Pedro Claver, hasta aprobar el primer año del Bachillerato en 1918. Siguió en Cartagena en la enseñanza privada, obteniendo el grado de Bachiller en Septiembre de 1923. Continuó sus estudios  en Madrid como alumno oficial de la Facultad de Filosofía y Letras, licenciándose de Ciencias Históricas el año 1928; dos años después obtuvo la licenciatura en Derecho. En marzo de 1936 aprobó las oposiciones de Agregados Comerciales en el Ministerio de Industria (Cf. ABC, 29 de marzo de 1936, p. 39).

Tomás tuvo  otros 3 hermanos; Manuel (1900), que era sacerdote jesuita; Juan (1902), que fue militar y murió también en la guerra civil; y Rafael (1904), que fue el  único que sobrevivió al resto de hermanos y que fue ingeniero de Caminos en Madrid, director de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla desde 1939 a 1964 y murió en 1983.
Humanamente era una persona cuidada y cumplidora de su deber. De carácter afable, alegre y decidido; habitualmente practicaba los deportes de montaña en la Sierra madrileña. Religiosamente, fue de la Congregación de la Inmaculada y de San Luis Gonzaga de los Jesuitas de Madrid. También trabajó en la Conferencia de San Vicente de la Congregación. Comulgaba todos los días y hacía la Visita diaria al Santísimo Sacramento. Se inscribió en el Centro Mariano Alfonsiano hacia el año 1933, cuando este se creó.

Hombre preocupado por el devenir social, publicó un libro llamado Trabajo y capital, donde comentaba las Encíclicas Sociales del Papa. Publicó otro titulado La negación de España, donde defendía sus ideas católicas y patriótico-españolistas. Al iniciarse la IIª República, se inició en política afiliándose en el partido católico de Acción Popular, en la JEP., de cuya Junta Directiva formó parte así como de su sección de Publicaciones en la Revista Estudios históricos.
En 1932 tomó parte en la “sanjurjada” o levantamiento frustrado del 10 de agosto de 1932, ayudando a introducir armas en Madrid. También parece que junto con sus 2 hermanos seglares estaba comprometido con el levantamiento desde la muerte del líder Calvo Sotelo.
Fue detenido por la policía el 5 de agosto de 1936, y llevado a la Dirección General de seguridad, desde donde,  por sus actividades como católico y derechista, pasó como detenido gubernativo a la Cárcel de San Antón el día 6. Su padre y hermano Manuel fueron detenidos en su domicilio el día 10 de septiembre de 1936; el padre fue puesto en libertad y el P. Manuel ingresó en la prisión, desde donde fue trasladado a la Cárcel de Porlier; su madre fue detenida por agentes de la Dirección General de Seguridad el día 30 de septiembre, apareciendo asesinada el día siguiente en la carretera de Andalucía.
Tomás coincidió en la Cárcel de San Antón con el consiliario del Centro Mariano Allfonsiano, P. José Mª Ibarrola, trasladado desde la Modelo en torno al 10 de noviembre. Según sus compañeros de prisión, al ser juzgado,  dijo que no le podían acusar más que de ser católico, que lo era y que moriría gritando ¡Viva Cristo Rey! El día antes de morir había confesado y comulgado en la cárcel, diciendo creía serían los últimos de su vida.
El día 26 de noviembre de 1936 Serrano Poncela firma la orden de libertad, por la que fue sacado de la cárcel en la extracción de presos del día 27 de noviembre con otros muchos más y fue asesinado en Paracuellos del Jarama aquella noche. Su cadáver fue sepultado en las fosas del Cementerio de los mártires de Paracuellos, donde continúa en la actualidad, junto con el cadáver de su hermano Manuel SJ, sacado de la Cárcel de Porlier el 5 de diciembre de 1936.

DOCULENTOS
- Ficha necrológica de la Acción Católica de tomás de la Cerda de las Bárcenas
- Denuncia ante la Causa General de D. Andrés de la Cerda sobre la muerte de su esposa e hijos.
- Ficha de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Mártires de Paracuellos de Tomás de la Cerda.
- Ficha de la Hermandad de Ntra. sra. de los Mártires de Paracuellos del P. Manuel de la Cerda
- Registro de ingreso en la Cácel de San Antón de Tomás de la Cerda (AHN. Causa General, Leg. 1528, Exp. 2, p. 93) 
- Noticia de la Dentención de su padre y hermano: ABC 12-9-1936, p. 12

jueves, 27 de diciembre de 2012

FÉLIX BERCERUELO MARTÍN

 Félix nació en Madrid el 13 de febrero de 1919 en Madrid; era hijo de hijo de Félix natural de Torrecilla (Valladolid) y de profesión portero  y de Leoncia de Pascualpardo (Avila). Fue Bautizado en La Concepción de Madrid el día 2 de marzo de 1919 y Confirmado en la Iglesia de San Luís de los Franceses. Recibió la Primera Comunión en la Iglesia de San Antón el 15 de mayo de 1928. Vivía la familia en la portería del número 2 de la calle Almagro. Félix era el mayor; tenía un hermano más pequeño, Gabriel, que era seminarista en el Seminario de Madrid.
Félix se educó hasta la edad de 8 o 9 años en el Colegio de las Escuelas Pías de San Antón, en la vecina calle de Hortaleza;  posteriormente hasta los 15 años en los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
 
Recibió una esmerada educación religiosa, perteneció desde muy pequeño a la Juventud de la Medalla Milagrosa y a las Compañías del Pilar y San José del Cerro de los Ángeles. Todos los viernes iba al Cerro de los Ángeles a pedir por la paz de España.

Cuando se inició la guerra civil, y la represión en la retaguardia, se vio obligado a esconderse en casa de unos amigos; allí estuvo hasta últimos de octubre que volvió a casa, porque les dijeron que iban a hacer un registro en la citada casa. Estaba ilusionado con que acabase la guerra para ir andando al Pilar de Zaragoza para dar gracias a la Virgen.
Estuvo en casa con sus padres hasta el 3 del 11 de 1936 en que fue detenido, ingresando en la Dirección General de Seguridad hasta el día 5 en que ingresó en la Cárcel Modelo. Estuvo preso hasta el día 8 de noviembre, en que fue extraído en una “saca de presos”. Como aún estaban insepultos los cadáveres de la tarde anterior, los autobuses que los transportaban fueron desviados hasta el Castillo de Aldovea, en Torrejón de Ardoz, donde fue fusilado junto a otros 440 compañeros de cárcel al grito de ¡Viva Cristo Rey! Un testigo nos ofrece la descripción del momento:
“Preguntado declara que un domingo del mes de noviembre fue al Castillo de Aldovea con objeto de atender las mulas que allí había, como era su obligación. Cuando llevaba más de dos horas entregado a ello, entre diez y once de la mañana, oyó muchos tiros en el Soto, lo que le impulsó a salir al exterior para ver qué era aquello, y presenció lo siguiente: cinco autobuses de dos pisos parados en la carretera que va al Castillo y una fila de unas veinte o veinticinco personas en la misma línea que el caz, a unos diez metros de él y dándole la espalda, enfrente de la cual había otra de milicianos que disparaban sobre ellos. Vio también un grupo de unas cien personas, probablemente de los pueblos limítrofes, que presenciaban la escena y entre todos a Vicente Nuño Fondevilla y Bonifacio Moreno montados en unos caballos. El primero era el guarda de la finca y el segundo el encargado del Castillo. Era antiguo izquierdista y en la actualidad se encuentra detenido, si bien el declarante no sabe dónde. Igualmente recuerda haber visto allí a un tal Montegrifo, que fue presidente del comité de Torrejón. Inmediatamente de ver esto se volvió a meter en el Castillo.En una conversación que sostuvo posteriormente con el Vicente Nuño este le dijo que uno de los prisioneros se había escapado cuando le iban a fusilar y que gracias a la circunstancia de haber tenido él un caballo pudo ser alcanzado y muerto. Le dijo igualmente que los fusilados fueron ejecutados con las manos atadas a la espalda”.
(Hermenegildo Casas, Declaración; Madrid 20-10-1939: AHN. Causa General, Leg. 1526, Exp. 5, p. 4)
Su cuerpo pudo ser identificado por medio de un recibo que llevaba en el bolso del pantalón, saliendo el cuerpo completamente entero, pues solamente pudieron ser identificados 80. En la misma saca murieron Mariano Arrizabalaga, un seminarista de Comillas con su hermano Rafael, también de la Acción católica del Centro del Corazón de María;  Fray Florencio Pérez de Nanclares, OFM,  el sacerdote de Jaén Fernando Maya León y el benedictino P. Antolín de Pablos. Todo esto nos hace sospechar que Mariano asumió su muerte desde la fe y se unió a la exclamación martirial.
Sus restos se exhumaron el 25 de enero de 1940 y se trasladaron al ampo de los Mártires de Paracuellos de Jarama, donde reposan en la actualidad.
 
Doocumentos sobre Félix Berceruelo
 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Memorias de José María Ibarrola

José Mª Ibarrola, Sacerdote CSSR (1895-1977)
El P. José María Ibarrola (1895–1977), sacerdote redentorista nacido en Pamplona (Navarra), pertenecía en 1936 a la Residencia madrileña del Santuario del Perpetuo Socorro. Muy entusiasta, fue el que más contribuyó, como Consiliario, en el desarrollo del Centro Juvenil Mariano-Alfonsiano del Santuario del Perpetuo Socorro, integrado en la Acción Católica. Durante la persecución religiosa fue pasando de casa en casa y de cárcel en cárcel; de la Modelo fue trasladado a San Antón, de donde salió libre a mediados de diciembre de 1936. Consiguió hacerse con un carnet legal del Centro Vasco, que le otorgó libertad de movimientos, aunque no exento de peligros. Toda la Guerra la pasó en Madrid atareado en su apostolado clandestino. Durante esos años visitó a casi todos los redentoristas en sus escondites y hasta en las cárceles. En libertad, pudo averiguar cuantos datos pudieron facilitarle sobre las circunstancias en que murieron los Siervos de Dios.

Se resistió a publicar memorias, pero en el año 1965 publica este artículo en la Revista el Perpetuo Socorro a modo de memorias; en él cuenta sus aventuras en el Madrid de 1936-39. Sirva el presente artículo para presentar a otras personas que sufrieron la persecución.
 
(J.M. Ibarrola, Un redentorista en el Madrid rojo en PS (julio 1965) pp. 211- 214).
 "Me escriben pidiendo un anecdotario de aquellos tres años -36 al 39- para "El Perpetuo Socorro». La verdad; esto de escribir Memorias debe de ser para edades de 89 para arriba o para un retirado de la sociedad hábil. Y, francamente, siendo aún un chaval y queriendo dar batalla al mal en todos los campos, no me resulta. Pero en sumisión al paisanaje y de amistad, haré, a los treinta y seis años de aquel entonces, una primera confesión pública y en las mejores condiciones posibles. … ¿Salida? El lunes por la tarde, día 20, quiero recordar. Habían salido un día los enfermos; otro, los ancianos, y en esa tarde, el resto, casi todos jóvenes…  Fui a una casa cercana, en la misma calle de la Residencia; llevado, claro, pues no conocía a nadie; meterse en la boca del lobo. De paisano, la vez primera, y muy majo que iba. A la mañana siguiente, más por tonto que por valiente, por farol, volví a la Residencia, a celebrar ... Y en el atrio me detuvieron y me cachearon, asimismo por vez primera -…-. Celebré, desayuné en el comedor. iAy, qué alegría me dieron algunos de los nuestros! Decían: que vienen los requetés, están en la Sierra ...... Bueno, salí de la Residencia y en esa misma tarde tirotearon la casa y la asaltaron; desde la entrada de la casa donde me hospedaba lo vi todo. Sufrí, lloré. Y ... a capear el vendaval, Ibarrola.
P. Ibarrola (iz), Alfonso Hortelano, H. Telesforo (der) en 1936
vestidos de seglares
 "Viví en lo físico y social, a pesar de las circunstancias, según las leyes de la urbanidad. De seglar, desde luego, y flamante; señorito. Ya con anterioridad, en Utrera, y ante algunas revueltas, me había hecho el primer traje civil; mas nunca llegué a usarlo, … con mi corbata, mi gabardina. ¿Cómo estaría de dandy que en el 39, y al ir a mi casa natal; a descansar un mes, mi buena madre no me reconoció? ¡Ah!, Y afeitándome a diario, a excepción del mes que pasé detenido en la Cárcel Modelo. Al entrar nos «limpiaron» todo; y ser afeitado ... ¿por ellos? No, no. y ¡vaya entonces tío con barba! .... Al ser evacuados al interior de Madrid y llevarme a la cárcel de San Antón, fui, con todos, amigablemente «abucheado» por las ocurrencias del ingenio de Muñoz Seca, que allí «residía», y a quien pronto «sacaron» para fusilarle inicuamente. Y procedí al afeitado diario. No faltaron luego quienes me tomaron, temerosamente, por un «poli» o, en la Casa de las Oblatas, por el médico, Chorros de risa después
Si miro el aspecto económico, las pasé «moradas». Al salir de la Residencia pero a mí y a otro nos dieron 25 pesetas.... Mas luego …, las 25 rentaron hasta mayo del 39 y aún repartí beneficios en Valencia y  en Cuenca y en los Madriles… fui a Valencia en autobús de la Casa Vasca y como ¡responsable!, honor que me valió para ir todo pagado; pero, en verdad, con mucho canguelo. Allí visité a varios de los nuestros paisanos y un enfermo. Al regreso, dos veces nos asaltaron los mismos soldados rojos; pero con genio de navarro, claro y duro, se triunfó. ... Asimismo, pero en tren, realicé viaje a Cuenca, de donde me traje al Superior, anciano, hoy difunto, quien graciosamente me llamaba «nieto». En ambos viajes hice de «Rey Mago», dejando dinero a los necesitados, y luché a brazo partido, sin conseguir victoria, con «alguien», para llevármelo a Madrid y salvarle y salvar la situación fea. Al regreso de Aranjuez, me dediqué intensamente, a partir de mi salida de las cárceles, finales del 36, al campo del apostolado en todas sus fases de entonces: celebrando cada día, teniendo de compañero cariñoso, servicial, con una pinta de fraile atroz, pero al que nadie le dijo la más mínima cosa -artes de la Providencia, H. Telesforo-, llevando comuniones, bautizando, bendiciendo matrimonios, visitando enfermos, enterrando a dos de los nuestros y a religiosas y a seglares, predicando ... Conservo en un tomito, encuadernado, todas las predicaciones de horas santas, primeros viernes, festividades del año, tandas de ejercicios, retiros mensuales. Hasta me decidí a comprar una pequeña Custodia en «Plata Meneses». Después de pagarla, me pidieron unas cajetillas de cigarros, y como a la sazón me hallaba en buenas relaciones con el secretario del representante oficial de la Cruz Roja Internacional, a él me fui, y a fe que me aprovisionó bien de ellas, que luego entregué a aquellos buenos dependientes. Y llevaba mi Custodia de casa en casa, a donde previamente había dejado el Señor, y por las calles y por los tranvías, enfundada; parecía como un músico con su trompa; tal era la forma suya. Lástima que, no sé por quién, ni cuándo, ni a quiénes, fue regalada, sin contar siquiera con el interesado por el recuerdo, el cariño, el vivo interés y su historia. Por cierto que, llevando la comunión un día de mañana a unos enfermos, agarré el tranvía por los pelos y me quedé en el estribo. Oigo que me gritan: «¡Camarada!» Mudo; estaba frito por ese mote ... «¡Oye, camarada! ... » Imposible. Me avisan los vecinos y me vuelvo: «¿A ?» «Sí, a ti» «Pero ¿de cndo acá soy camarada, y de ti? ...» Sorpresas, miradas ... Pagué y ... , por si las moscas, me tiré del tranvía al amainar su marcha; pero me había desahogado a gusto
 "Mantuve relaciones con la Embajada turca, buscando cobijo para unos nuestros, sin lograrlo. Y con una sucursal de la Embajada sueca que luego fue asaltada. Por cierto que unos días antes, al salir y cruzar la esquina, me detuvieron pidiéndome la documentación. «¿Tú?», contesté. Y me enseñó su Carnet de Seguridad. «Bien -repliqué-, toma el rnío.» Era de los Vascos. Lo miró y ... «¡Salud!», exclamó. «Agur», le contesté. Estuve en varias clínicas llevando a tres de los nuestros. Y en relación con varias comunidades, de Oblatas, del Servicio Doméstico, Hermanos Hospitalarios y de las Escuelas Cristianas, Padres de los Sagrados Corazones. Magnífico su Provincial. Le ofrecieron pasar a la Zona Nacional y él, maravilloso, replicó: «Mientras quede uno de los míos, aquí quedaré ... » Y ... pasó las gordas ... Ovación al gesto. Y visité en el Ministerio de Justicia a aquel flamante cura Leocadio Lobo; me presenté como vasco y en representación de la Nunciatura, pues me sospechaba que expedía carnets legales, exigiendo raras, malas, condiciones. Y me personé en la Dirección de Seguridad a pagar cierta multa del bueno y querido abuelo, de nuestro P. Hortelano. ¿Consentir que él fuera? Anciano ... No y no. Fui y nada pasó. Salpor aquel entonces la arqueta de los restos de la hoy Beata Madre Vicenta Acuña, merced a la hermana de uno de los jóvenes de nuestro Centro Mariano alfonsiano. Y gestioné la evacuación de algunos religiosos y religiosas y de uno de los nuestros. Conspiré en un número de la calle Velázquez para el paso de «varios» que debían llevar el arsenal de fotos de tantos y tantos fusilados a la Zona Nacional; fracasó; me avisaron y no volví. En fin, recibida en la Nunciatura una carta del ministro Irujo intentando entablar «relaciones» con la Santa Sede, le contestamos dos Padres, como pamplonicas y paisanos de él, solicitando que nos enviara planes y pasaportes ... Nada. ¡Menuda suertecita la nuestra si ahubramos salido del Madrid rojo! 
 
"¿Escondido? Un solo día, el 21 de julio del 36. Mas ante aquel panorama de nervios, de encierros, logré que un socialista me falsificara la Cédula y... a la calle, al aire, a' la libertad. Y veía los desfiles, mas nunca levanté el puño, ni manos, ni nada; tuve por ello altercados; me mantuve firme. Y veía los entierros de los «mandamases de la situación. Y veía los entrenamientos de reclutas y voluntarios. Por cierto que me mondaba de risa. Luego logré un volante de' «cierto» médico, en el cual constaba que sufría de «insuficiencia mitral»: me ofrecí como «donante de sangre» y me otorgaron un carnet especial. Hasta que ya conseguí mi Carnet de Vasco, colocado en la Casa Vasca y con hoja de trabajo que exigieron por aquel entonces. Diré que, ante el soplo de un buen amigo Policía de que andaban a la caza de mis jóvenes del Centro y de su consiliario, yo me cambié mi apellido y me fui a vivir a la calle de la Montera. Salvé el piso y biblioteca del gran Beunza, vilmente fusilado. Actué de cartero; llevaba y traía cartas a través de un amigo del Consulado de Chile. Aún recuerdo que una mañana, repartiendo cartas, al saltar de un tranvía en la calle de Alcalá, me pegué una costalada sin igual y ... ¡ayl, al levantarme hallé el pantalón todo roto a lo largo de la pierna derecha. Confusión enorme. Fui corriendo a la casa de mis buenos amigos de Arturo Ruiz y a cambiarme de ropa. Salí luego «hecho todo un modelo». Y recogí en cierta mañana, de manos de un socialista, pero sensato, un paquete con «Sagradas Formas», al parecer de un convento de Chamartín que él también había invadido
 
"Contaré aquí una impresión mía. Tanto, tanto andar con personalidades que habían de llegar a obispos y favorecerles con sacrificio y cariño .... y para concluir, finales de marzo del 39. Había sostenido la batalla contra el hombre. Habían llamado mi «quinta» a filas. ¿Religioso y con los rojos? Nunca; y tomando mi Carnet Vasco borré la fecha de mi nacimiento y puse otra ... juvenil y sin compromiso; eché su gotita de aceite y ... adelante. En esto, recibo en casa una llamada de cierta comisaría. Allí me personé; Preguntas y preguntas; al final: «¿Tienes Carnet?» «Aquí está.»' Y lo entregué. ¡Ay, caballeros, qué mieditis! Y el comisario, mira que 'mirarás. Siempre pensé de él: o era un tonto o era muy buena persona. Me mandó marchar con el Carnet; pero, por si las moscas, pasé un día a salto de mata, alejado de casa, aunque en comunicación telefónica.
P. Ibarrola (der) y su amigo Arturo Ruiz
"Nos salvamos, aquel domingo por la tarde, Alfonso Hortelano y yo, del horrible bombardeo por los nacionales; en cuya fecha, y ante nuestros ojos despavoridos, cayeron las bombas sobre nuestro Santuario, causándome pena y rabia formidables

"Aguanté la tarascada de la revolución comunista como un «salsero», dicen 'por mi tierra, viéndola en la glorieta de Bilbao, rodeada de cañones y tanques y soldados; claro que, a la hora de disparar y luchar, pies en polvorosa, hasta la casa de los buenos y queridos Hortelano. ¿Iba a salir incólume al terminarse? Y al regresar aquel día de mi misa en Trafalgar, oí ruidos, alborotos, carreras ... ¡La entrada de las tropas! Y bajé hacia Argüelles y vi por vez primera, después de tres años, unos tricornios y unas tocas de Hijas de la Caridad. Luego, al oír que por Puerta del Sol desfilaban las tropas, corrí y ... ¡Lloré de emoción!, y les aclamé. Al siguiente día celebré en mi piso, con todos los ornamentos, y dispuse entraran todos los vecinos. Me contaron que al salir revestido y verme la jefa de la casa -mala hembra, ante la cual pasé como «El Vasco»-, exclamó: «¡Mira tú, y era cura!, y habíamos matado a todos ... » Nada la dije, sino darla las gracias. Luego, la Semana Santa en la Residencia, previamente preparada por mis jóvenes del Centro; y la celebré toda y con predicación, y vestido de gran paisano
"A las familias amigas e inmensamente protectoras, a mis jóvenes inolvidables y simpáticos, muchas gracias. A disposición de todos; entonces ...  J. . ITURRIAGA;
 hoy ... J. Mª. IBARROLA, Redentorista".