jueves, 27 de diciembre de 2012

FÉLIX BERCERUELO MARTÍN

 Félix nació en Madrid el 13 de febrero de 1919 en Madrid; era hijo de hijo de Félix natural de Torrecilla (Valladolid) y de profesión portero  y de Leoncia de Pascualpardo (Avila). Fue Bautizado en La Concepción de Madrid el día 2 de marzo de 1919 y Confirmado en la Iglesia de San Luís de los Franceses. Recibió la Primera Comunión en la Iglesia de San Antón el 15 de mayo de 1928. Vivía la familia en la portería del número 2 de la calle Almagro. Félix era el mayor; tenía un hermano más pequeño, Gabriel, que era seminarista en el Seminario de Madrid.
Félix se educó hasta la edad de 8 o 9 años en el Colegio de las Escuelas Pías de San Antón, en la vecina calle de Hortaleza;  posteriormente hasta los 15 años en los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
 
Recibió una esmerada educación religiosa, perteneció desde muy pequeño a la Juventud de la Medalla Milagrosa y a las Compañías del Pilar y San José del Cerro de los Ángeles. Todos los viernes iba al Cerro de los Ángeles a pedir por la paz de España.

Cuando se inició la guerra civil, y la represión en la retaguardia, se vio obligado a esconderse en casa de unos amigos; allí estuvo hasta últimos de octubre que volvió a casa, porque les dijeron que iban a hacer un registro en la citada casa. Estaba ilusionado con que acabase la guerra para ir andando al Pilar de Zaragoza para dar gracias a la Virgen.
Estuvo en casa con sus padres hasta el 3 del 11 de 1936 en que fue detenido, ingresando en la Dirección General de Seguridad hasta el día 5 en que ingresó en la Cárcel Modelo. Estuvo preso hasta el día 8 de noviembre, en que fue extraído en una “saca de presos”. Como aún estaban insepultos los cadáveres de la tarde anterior, los autobuses que los transportaban fueron desviados hasta el Castillo de Aldovea, en Torrejón de Ardoz, donde fue fusilado junto a otros 440 compañeros de cárcel al grito de ¡Viva Cristo Rey! Un testigo nos ofrece la descripción del momento:
“Preguntado declara que un domingo del mes de noviembre fue al Castillo de Aldovea con objeto de atender las mulas que allí había, como era su obligación. Cuando llevaba más de dos horas entregado a ello, entre diez y once de la mañana, oyó muchos tiros en el Soto, lo que le impulsó a salir al exterior para ver qué era aquello, y presenció lo siguiente: cinco autobuses de dos pisos parados en la carretera que va al Castillo y una fila de unas veinte o veinticinco personas en la misma línea que el caz, a unos diez metros de él y dándole la espalda, enfrente de la cual había otra de milicianos que disparaban sobre ellos. Vio también un grupo de unas cien personas, probablemente de los pueblos limítrofes, que presenciaban la escena y entre todos a Vicente Nuño Fondevilla y Bonifacio Moreno montados en unos caballos. El primero era el guarda de la finca y el segundo el encargado del Castillo. Era antiguo izquierdista y en la actualidad se encuentra detenido, si bien el declarante no sabe dónde. Igualmente recuerda haber visto allí a un tal Montegrifo, que fue presidente del comité de Torrejón. Inmediatamente de ver esto se volvió a meter en el Castillo.En una conversación que sostuvo posteriormente con el Vicente Nuño este le dijo que uno de los prisioneros se había escapado cuando le iban a fusilar y que gracias a la circunstancia de haber tenido él un caballo pudo ser alcanzado y muerto. Le dijo igualmente que los fusilados fueron ejecutados con las manos atadas a la espalda”.
(Hermenegildo Casas, Declaración; Madrid 20-10-1939: AHN. Causa General, Leg. 1526, Exp. 5, p. 4)
Su cuerpo pudo ser identificado por medio de un recibo que llevaba en el bolso del pantalón, saliendo el cuerpo completamente entero, pues solamente pudieron ser identificados 80. En la misma saca murieron Mariano Arrizabalaga, un seminarista de Comillas con su hermano Rafael, también de la Acción católica del Centro del Corazón de María;  Fray Florencio Pérez de Nanclares, OFM,  el sacerdote de Jaén Fernando Maya León y el benedictino P. Antolín de Pablos. Todo esto nos hace sospechar que Mariano asumió su muerte desde la fe y se unió a la exclamación martirial.
Sus restos se exhumaron el 25 de enero de 1940 y se trasladaron al ampo de los Mártires de Paracuellos de Jarama, donde reposan en la actualidad.
 
Doocumentos sobre Félix Berceruelo
 

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