viernes, 27 de julio de 2012

BEATO MAXIMO (Rafael) PEREA PINEDO

Infancia, juventud y vocación a la Vida Religiosa
A las 3 de la madrugada del día 24 de octubre de 1903 nacía el cuarto hijo de Sandalio Perea y Saturnina Pinedo en el pueblecito de Múrita, perteneciente a la Junta Municipal del Valle de Losa (Burgos). Recibió el Bautizado el mismo día 24 de octubre, recibiendo el nombre de Rafael.
La familia se dedicaba a la agricultura y tenía una profunda piedad cristiana, por lo que dio a sus hijos una sólida formación cristiana y una iniciación a la vida de piedad; como expresión de lo que se vivía en el hogar, el mayor de los hermanos, Eduardo, en septiembre de 1909 dejó el hogar familiar para prepararse como Misionero Redentorista.  Contaba Rafael contaba 8 años, recibió la Confirmación en el cercano pueblo de Orduña (Vizcaya) el 31 de marzo de 1911. Recibió la Primera Comunión  y en su pueblo se convirtió en el monaguillo indiscutible.
Iglesia de Múrita
Estando de misiones en un pueblo cercano el redentorista R.P. Aniceto Orive, lo animó a hacerse misionero. Desde entonces ya no pensó más que en ir a El Espino (Burgos), el Seminario de los Redentoristas de España, donde antes le habían precedido su hermano Eduardo y su primo Daniel Pinedo, que para entonces se encontraban ya en el noviciado. Y allí llegó un 13 de septiembre de 1915. Después de 3 años, tuvo que salir pues le costaba el estudio y tenía un grave problema de vista en tal grado que temieron que, con el tiempo, podría quedarse ciego; por eso, con gran sentimiento suyo, tuvo que volver a su casa el 8 de septiembre de 1918.
En Murita hizo de sacristán hasta que, un año después, sus padres lo llevaron a Valladolid y lo colocaron como recadero en el Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Allí se ganó las simpatías de los Hermanos, que pusieron en él las mejores esperanzas, seguros de que terminaría por quedarse con ellos.
Pero Dios le tenía preparada una sorpresa a Rafael: el 19 de febrero de 1921 se ordenaron de sacerdotes su hermano y su primo, en Astorga (León). Con esa ocasión acudió junto con su familia, y viajó desde Valladolid a Astorga; en una entrevista con su hermano neopresbítero, quedaron que este hablaría con el Prefecto para que ingresara en la Congregación del Santísimo Redentor  en calidad de Hermano coadjutor. Pronto le escribiría dándole la respuesta afirmativa. La alegría de Rafael fue inmensa, al ver colmadas sus aspiraciones de ser religioso.
Vida en la Congregación del Santísimo Redentor
Familia día de la Ordenación de su hermano y primo
Rafael llegaba a Nava del Rey (Valladolid) el día 15 de abril de 1921; llegaba a Nava del Rey (Valladolid) y el 26 de febrero de 1922 vestía el hábito Redentorista, adoptando el nombre de Máximo; bajo la dirección de su maestro, el R.P. Rafael Cavero, culminó el noviciado, profesando el 27 de febrero de 1923.
Su vida como Misionero Redentorista de desarrolló fundamentalmente en las casas de Astorga y Madrid, sirviendo a sus hermanos en los oficios de cocinero, portero, sacristán y ecónomo. Si en algo destacó fue que era un hermano servicial y habilidoso, querido en la comunidad. Después de su profesión fue destinado a la comunidad madrileña de San Miguel; en agosto de 1925 fue a El Espino (Burgos) para hacer el Segundo Noviciado, que terminó con su Profesión Perpetua el 27 de febrero de 1926.  
H. Máximo con su hermano el P. Perea
En El Espino quedó como Hermano cocinero hasta mayo de 1927. El 23 de mayo de 1927 fue destinado a la comunidad de Astorga (León) como portero, sacristán y ecónomo. Salvo unos meses en 1928 y 1929 que estará ayudando como peón de albañil en el Espino y Santander, en Astorga (León) estará hasta  junio de 1933. El 28 de junio de 1933 va destinado a Madrid, al Santuario del Perpetuo Socorro, como portero y ecónomo. En Madrid permanecerá hasta el día de su muerte.
Para cuantos le conocieron, destacó por su carácter bueno, afable y abierto, su prudencia y recto juicio  y su laboriosidad e ingenio; a esto une la abnegación, la obediencia, la modestia y la piedad.

Pasión y martirio
El H. Máximo salió de la Residencia del Perpetuo Socorro de Madrid el 20 de julio de 1936 y fue a hospedarse con el P. José Mª Urruchi, en casa de D. Roberto González Nandín, número 3 de la calle de Manuel Silvela. A los pocos días, debido al peligro que corría en la casa de Dª Emilia Alcázar el H. Pascual, se intercambió con él.
A los pocos días salió de allí, y se dirigió hacia la casa de la Sra. Ana Mª Sánchez, viuda de Montenegro en la calle Jenner, nº 5, 2º izquierda donde coincidió con el R.P. José Morán. Por estas fechas aún no conocía el miedo y salía con frecuencia a la calle, pero varios encuentros con los milicianos y le hicieron perder la serenidad. Después de un registro en la esta casa, tuvo que salir sin rumbo cierto en busca de otro refugio.
A primeros de agosto se le ocurrió llamar a la lechería de D. Juan Redondo, en el número 16 de la calle Juan de Austria. El lechero junto a su esposa, tres hijas y nietas, le dijo que podía ir, pero que entrara de modo que nadie se percatara de su presencia. Así lo hizo y allí permaneció hasta el 24 de septiembre de 1936 en que, por fallecimiento del dueño, tuvo que cambiar de refugio. En ese lugar coincidió con el P. Jorge Cámara, también redentorista.
Cuando el H. Máximo salió de aquel hogar, se hospedó ese mismo día en la pensión situada en la calle de Santa María nº 45. Allí estuvo hasta las 2 de la madrugada del 2 de noviembre, día en que se lo llevaron preso los milicianos, tal como lo precisa el dueño de la pensión, D. Federico García: “el 2 de noviembre en un registro a la pensión de los milicianos se lo habían llevado y que ya no se supo más de él”.
Junto al H. Máximo se llevaron también a un joven llamado Ángel Bellot, pero éste regresó a las 4 de la madrugada. Éste contó que fueron llevados a una Comisaría, y después a la checa de Fomento; allí fueron sometidos a interrogatorio, y  el Hermano dijo que era albañil. Pusieron en sus manos una pala y le mandaron hacer mezcla. Salió mal de la prueba. Entonces dijo que era labrador; pero no tenía manos de labrador. Por fin declaró lo que era: reliigioso. El policía, que volvió a la pensión acompañando al joven Ángel Bellot, dijo que el Hermano lo pasaría mal por haber tratado de engañarles. Nada más se supo de él.
En la mañana del día 3 de noviembre de 1936, su cadáver fue recogido en Ciudad Universitaria de Madrid. Nadie reclamó el cadáver, por lo que pasó a engrosar los listados de cadáveres sin identificar. Llevado al Anatómico forense, le practicaron dos fotografías y adjuntaron a ellas los datos del cadáver. Recientemente, mediante un estudio forense se ha podido descubrir la identidad del cadáver como perteneciente al Siervo de Dios. El Médico forense afirma que el rostro está muy desfigurado por el sufrimiento del que fue objeto y de la desnutrición propia de una persona que llevaba unos meses mal nutrido.
El cadáver fue llevado al Cementerio del Este (hoy de la Almudena) de Madrid, e inhumado el día 5 de noviembre de 1936 en la sepultura temporal situada en el cuartel 14N, manzana 39, letra E, cuerpo 13ª; fue exhumado en 1948 y vuelto a inhumar en otra sepultura temporal situada en la meseta 5ª, cuartel 1, manzana 79, nº 6.  Finalmente fue exhumado el 9 de noviembre de 1961 y conducido a Cuelgamuros, a la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (Madrid), donde descansa en la Capilla del Santísimo.

ORACIÓN
(PARA USO PRIVADO)

Por mediación del S. de Dios H. Máximo Perea

Padre, que llamaste a tu hijo Máximo a la vida Religioa y lo condujiste por el camino de la humildad y el servicio, te pido por su intercesión, me concedas tu espíritu de humildad para caminar en mi vida guiado por el servicio desinteresado a mis hermanos con total gratuidad. Por Jesucristo nuestro Señor.


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martes, 26 de junio de 2012

BEATO DONATO JIMÉNEZ BIBIANO, MISIONERO REDENTORISTA


Infancia y vocación
Miguel Jiménez, era un hombre que disfrutaba de una posición acomodada por el comercio que tenía; estaba casado con Brígida Bibiano, y vivían en el número 22 de la calle Casanueva de la vallisoletana villa de Alaejos, donde criaban a sus cinco hijos. Algo vino a sobresaltar la tranquilidad familiar: a las 18.00 hs. del día 21 de marzo de 1873 acogían a su sexto y último hijo, el cual recibió el Sacramento del Bautismo en la majestuosa iglesia de San Pedro, recibiendo el nombre de Donato, el día 25 de marzo, solemnidad de la Encarnación.
Pero la familia recibió un duro golpe: la pérdida del padre. Si alguien lo sufrió más, ese fue Donato, que contaba entonces con 4 años; él nos dice: “una pérdida inmensa arrebatándonos el padre, principal y puede decirse único apoyo de la familia; abandonados hubiéramos quedado si la madre secundada en parte por el hermano mayor, no hubiese sido toda  ardor para sostener la familia”.
Doña Brígida u su hija mayor se encargaron de la educación y formación religiosa del pequeño. A los 6  años recibió el sacramento de la Confirmación de manos del Arzobispo de Valladolid D. Fernando Blanco y Lorenzo, el día 31 de octubre de 1879. Pero Donato era un niño muy vivo y travieso: había mañanas que se negaba ir a la escuela; también en la formación religiosa dejaba que desear, por lo que fue rechazado para recibir los sacramentos de la Confesión y 1ª Comunión.
Su carácter jovial y extrovertido, que ya le era característico desde pequeño, se mostraba en sus travesuras, algunas de ellas de mal gusto. Dejaba bastante que desear. Algo se enmendó después de hacer la primera comunión. Pero el verdadero cambio se efectuó en él con la misión predicada por los PP. Negro y Lorthioit.
Donato, que entonces andaba ya por los 14 años, no se despegaba de los Misioneros. Aquellos hombres, su palabra, su estilo de vida le llamaron tanto la atención que algo se despertó en él: la semilla del seguimiento de Cristo, que fue concretándose en su respuesta vocacional. Cuando se marcharon los misioneros cambió completamente de vida: ayudaba a misa, comulgaba los domingos, no andaba con sus antiguos compañeros de travesuras. Su mejor amigo era el sacristán de la Parroquia de San Pedro, que estaba preparándose para hacerse religioso. Y él pensó hacer lo mismo. Las travesuras y aventuras de niño las fue cambiando por la aventura de la vocación misionera.
El 2 de agosto de 1887 se celebraba la festividad de San Alfonso, fundador de los Redentoristas, coincidiendo ese año con el 2º centenario de su nacimiento. Decidió junto a otros amigos ir a la vecina villa de Nava del Rey (Valladolid) para felicitar a los misioneros: no lo pensaron mucho y junto con tres amigos, partió para allá de noche a lomos de un caballo; al llegar, tuvieron que esperar al amanecer en la puerta del Convento.
El mayor obstáculo para conseguir su objetivo fue su madre. Para ello rezó y con la ayuda de Dios, de la Santísima Virgen María y de San Alfonso, consiguió convencerla para que le dejase seguir su llamada vocacional. Ingresaba el Jovenado del Espino (Burgos) el 19 de septiembre de 1887 junto con  otros tres compañeros de Alaejos.

Vida como Misionero Redentorista

En el Jovenado de El Espino estuvo a lo largo de cinco años, donde dio muestras de ingenio. En agosto de 1892 viajó hasta Nava de Rey para hacer el noviciado, vistiendo el hábito redentorista el 8 de septiembre. Durante el noviciado tuvo una fuerte crisis personal y vocacional a causa del perfeccionismo y los escrúpulos. Vencida esta, hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1893 con el nombre de Donato José-María.  Continuó sus estudios teológicos en Astorga (León) donde destacó por su gran talento. Allí recibió las Órdenes menores y mayores, culminando con la Ordenación presbiteral el 27 de mayo de 1899 en la Capilla del Seminario Diocesano de Astorga de manos del Obispo asturicense D. Vicente Alonso Salgado.
Desde que se ordenó de sacerdote hasta su martirio éste fue su itinerario como misionero redentorista: los primeros años  es destinado a la formación, en Nava del Rey (Valladolid) como socio del P. Maestro y en El Espino (Burgos) de profesor de latín. En 1902 hace en El Espino el Segundo Noviciado; terminado este va a ser misionero el resto de su vida: en Cuenca (1902), El Espino (1904), Astorga (1907); en 1915 destinado a Pamplona (Navarra) hasta 1930; en esta comunidad además de misionero será durante tres periodos rector de San Ignacio. En 1930 es destinado de Superior a Santander, cargo que combinó con las misiones parroquiales. En junio de 1933 es destinado a Astorga como Ministro; en diciembre de 1934 es nombrado rector de Vigo y en los nombramientos de 1936 es destinado a la Comunidad madrileña de S. Miguel donde llega el 23 de junio.
Persona optimista a toda prueba, su personalidad queda bien definida en la palabra “Misionero”. Su espíritu jovial, abierto y aventurero, fueron características suyas a lo largo de toda su vida, que le llevaron a ser un gran misionero.
Pasión y muerte
Aún no llevaba un mes en Madrid, en la Residencia de San Miguel, cuando estalló la persecución religiosa. El domingo 19 de julio, Solemnidad del Santísimo Redentor para los Redentoristas, después de cenar, abandonaba la Residencia y se refugiaba en casa de su amigo y paisano D. Jerónimo Fernández Puertas, que vivía en el piso 4º del nº 8 de Cava Baja, junto a su esposa Dª Pilar López Vall y su hijo de de 22 años Leopoldo.
Allí vivió entregado al recogimiento y la oración hasta el 12 de septiembre. Sus únicas salidas eran para celebrar la Eucaristía en la Nunciatura o en el Palacio de la Cruzada. Siempre confiado, optimista, convencido de la próxima finalización de la situación. El 11 de septiembre, enterado de que se había esparcido el rumor en la vecindad de que en el nº 8 de la Cava Baja se ocultaba un fraile, contra la voluntad de su amigo, dispuesto a correr todos los riesgos, se refugió en casa de la Srta. Lola Moreno Tobarra, calle Mayor nº 59, piso 1º, encima de la Farmacia de la Reina Madre.
El 12 de septiembre se había acogido a su nuevo refugio, el 13 se presentaron los milicianos hacia el mediodía. Sabían a qué venían. Cuando dieron con el equipaje del P. Jiménez exclamaron: “Hoy ha caído un pájaro de cuenta”. Los llevaron a él y a Lola Moreno a la Checa de la calle Fomento, donde  el P. Jiménez fue encerrado en los sótanos en la celda nº 5. Según contaron sus compañeros, apenas llegó les dijo: “Señores, soy religioso redentorista. Por eso me han detenido”. En la cárcel el Siervo de Dios siguió siendo el sacerdote apóstol, ayudando a los presos, sobre todo a aquellos a quienes veía más desalentados, procurando infundirles su optimismo.

Pero su optimismo cambió después de uno de los interrogatorios. Uno de los miembros del tribunal, por las preguntas tan detalladas que le hizo sobre su vida y sobre algunos de los congregados, debía conocerle. Donato se dio cuenta posteriormente que se trataba de un ex - redentorista. Cuando salió del interrogatorio ya salió convencido de que su suerte estaba ya echada. El 16 de septiembre confesó a uno de los detenidos, Antonio Gómez Fernández, quien “aconsejado por don Jenaro se había acercado al Padre y allá junto a la ventana, mientras parecían distraídos mirando el reloj de bolsillo como contando los minutos eternos, le había abierto su conciencia sobre la que el Padre había dejado caer el calmante de sus palabras de consuelo y de perdón rubricadas por el trazo firme de una absolución  sacramental. Había hablado el ministro del Sacramento de la Penitencia; luego prosiguió el monólogo el amigo siempre optimista que sabe alentar en los trances más difíciles; y finalmente el Sacerdote-Soldado de Cristo  Redentor tomaba las previsiones por lo que pudiera suceder. ‘En este último término, hijo mío, si nos matan ya  sabemos lo que tenemos que hacer: Gritaremos con toda la fuerza ¡Viva Cristo Rey! Y entraremos en el cielo’” (Lucas Pérez, C.Ss.R., Notas manuscritas sobre la persecución sufrida por el Siervo de Dios Donato Jiménez Bibiano, pp. 8-9).
 El día 17 de septiembre, a altas horas de la noche, se oyó la voz de un miliciano en la celda: “Donato Jiménez, a declarar. Toma”. Y le dio una papeleta en blanco. Era la sentencia de muerte. El P. Jiménez no volvió a la prisión; murió la madrugada del 18 de septiembre.
Su cadáver fue encontrado en el Km. 12 de la Carretera de Francia, en el término municipal del entonces pueblo de Fuencarral; le fue hecha una fotografía, anexionada al Acta de Defunción que nos ha permitido recientemente encontrar el cadáver. En dicha Acta se recoge que en los haberes que aparecieron con el cadáver  había un “Breviarium Romanum, entre unas estampas sueltas de Santos, hay una dedicada por la Comunidad al Maestro M.R.P. Jiménez fechada en Burlada 7-8-1926, en un papel tiene las direcciones siguientes, Sr. D. José Fdez. Ruano. San Quintín 2—2. El Escorial – Sra. Dª. Francisca Yarza. Idem, un pañuelo blanco marca + S.R. D.J., un rosario y un Cristo” (Registro Civil Único de Madrid (Fuencarral), Sección 3ª, Tomo 32-30, folio 107 v). El Breviario, el rosario y el Cristo nos muestran su fidelidad a Cristo hasta la muerte; probablemente rezó la Liturgia de las Horas y el rosario incluso en la Checa.
Inhumado como hombre desconocido en el Cementerio de Fuencarral en fosa común (patio 3º, fila 6ª, sepultura nº 15, cuerpo 1º), y dado que no fue identificado, posteriormente fue exhumado y sus restos con toda probabilidad fueron a parar al osario común, ya que en el Archivo de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (Madrid) no figura ningún hombre desconocido traído del referido Cementerio de Fuencarral (Madrid).

 ORACIÓN
(PARA USO PRIVADO)
Por mediación del S. de Dios Donaro Jiménez

Te pido Padre que, como llamaste a Donato Jiménez para poner todas sus cualidades al servicio de tu Evangelio y hacer de él un misionero de tu amor, te sirvas de igual modo de mis cualidades y defectos para que todos ellos contribuyan a anunciar tu Palabra. Por Jesucristo nuestro Señor.
 
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viernes, 25 de mayo de 2012

Beato Antonio Girón González

Infancia y vocación
Nació en el pequeño pueblo de Campo, perteneciente al Ayuntamiento de Ponferrada a las 2 de la tarde del día  el 11 de diciembre de 1871, en la calle de la iglesia nº 2. Sus padres eran un matrimonio de piadosos labradores formado por Benito Girón y Felipa González, siendo Antonio el menor de 4 hijos. Recibió el Bautismo el siguiente día 14 recibiendo el nombre de Antonio Felipe. Niño con gran talento.
Según cuenta Antonio “de cuatro hermanos, de los cuales una hermana única es religiosa, fui el menor, por lo cual recayeron sobre mí los afectos naturales, así es que de muy niño me enviaron a la escuela, y si mal no recuerdo, fui cuidado con mucho esmero, á lo menos mientras vivió mi padre; y aunque no siempre me enviaron a la escuela del pueblo natural, sino que algún tiempo a una de Ponferrada, podría sin embargo recibir mejor educación por la ocasión de ir a pasar el tiempo libre del día en la casa del tío Sacerdote, o en la de otra tía que habitaban allí". (Curriculum vitae de Antonio Girón, pp. 1-2).
A los ocho años murió su padre y la situación familiar quedó afectada, y según nos relata él mismo su “educación era bastante abandonada, … cuando iba a Ponferrada no pasaba tantas veces como antes el tiempo libre en casa de los tíos, sino que andaba como vagando” (Curriculum vitae, p. 2).

Campo. a la izquierda casa donde nació el P. Girón
A los 10 años sintió la llamada de Dios al sacerdocio, pero chocó con las expectativas de su madre, que viuda y con una hija en el monasterio y los otros 2 casados soñó que Antonio fuera su apoyo en la vejez. Vencidas las dificultades ingresó en 1882 en el Seminario diocesano de Astorga en calidad de externo y allí cursó los 3 años de latín y 3 de Filosofía con magníficas calificaciones.
Pero Antonio continuó su discernimiento vocacional y experimentó en su corazón que Dios le llamaba a la vida religiosa; un día en el paseo, se cruzó con un grupo de novicios Redentoristas. Al verlos tan recogidos le entraron ganas de hacerse uno de ellos, y comenzó a discernir la decisión con el Maestro de Novicios de los Redentoristas. Tomada la decisión y llegadas las vacaciones estivales fue a comunicárselo a su madre, que “estaba muy enfadada… Un sábado por la noche fui a tomar el tren para Astorga, y sucedió que habían mudado la hora de los trenes, de manera que entonces yo resolví marchar el lunes. … el hermano mío que estaba en mi pueblo, supo esta mi decisión, mandó poner un telegrama para Astorga… de manera que hubiera acaso sido cogido por el hermano de Astorga, a no haber sucedido la mudanza de trenes, y a no haber resuelto partir en este día…  Por fin llegué a Astorga el lunes siguiente, dos de julio, día de la Visitación de la Santísima Virgen, sin inconveniente alguno... (Curriculum, pp. 12-13).
Antonio Girón, Misionero Redentorista
El 12 de agosto de 1888, bajo la tutela del P. Chavatte, comenzaba el noviciado y vestía con el hábito redentorista. Profesó el día 15 de agosto de 1889 y continuó en Astorga (León) sus estudios teológicos. El 19 de mayo de 1894 era ordenado sacerdote en la Catedral de León por el obispo Dr. D. Francisco Gómez Salazar y Lucio Villegas, al estar la Sede Astorgana vacante.
Sus primeros años como sacerdote los vivió como profesor, primero de de Ciencias en Astorga y el año siguiente, 1895, de Literatura en el  Espino. En 1897 comienza su segundo noviciado en la Comunidad de San Miguel de Madrid para prepararse a la vida misionera. A partir de ese momento, su vida la desplegará como Misionero, como profesor de los jóvenes que se preparaban para ser redentoristas en El Espino o los sacerdotes que se preparaban para ser misioneros en el 2º Noviciado y como superior local o  consultor o secretario provincial. Vivirá en las Comunidades de Madrid Perpetuo Socorro y San Miguel, San Felipe de Cuenca, Pamplona (Navarra), El Espino (Burgos) y  Nava del Rey (Valladolid). En esta comunidad está destinado cuando en mayo de 1936 es destinado en los nuevos nombramientos a Madrid-Perpetuo Socorro como Consultor del Provincial, a donde se traslada en el mes de junio.
Antonio Girón fue una persona inteligente, de confianza y con buen juicio con el que pudieron consultar los superiores las distintas cuestiones de gobierno. Como maestro de misioneros, publicó una obra con sus sermones de misión.
Martirio del P. Girón
El 20 de julio de 1936 salió del convento y se refugió en la calle Covarrubias, a la espalda del Santuario de El Perpetuo Socorro, en casa de la viuda de Celorrio. Deseoso de celebrar la eucaristía buscó refugió en el Asilo de las Hermanitas de los pobres situado en la calle Almagro, donde ingresó el día 23. Allí celebraba misa todos los días y confesaba a las religiosas. Pero el día 15 de agosto hubo aviso de que la policía iba a efectuar un registro y para garantizar su seguridad se le trasladó al Asilo que estas Hermanitas tenían en la calle del Doctor Ezquerdo. En este nuevo asilo coincidió con el sacerdote Paúl, Manuel Requejo Pérez (su proceso también se tramita en Roma). Únicamente sabían que eran sacerdotes las Hermanas Superiora y Asistenta.
Pero el anciano que acompañó al  Siervo de Dios desde el Asilo de la calle Almagro al de la calle Dr. Ezquerdo debió dar el soplo a la policía. El día 25 de agosto los milicianos del Comité de Pacífico a las órdenes de Enríque Garcilópez Domenech incautaron el Asilo. Quedó como responsable del centro Mateo Prada Bravo. El domingo 30 de agosto, hacia el medio día los dos sacerdotes tuvieron un interrogatorio; según las Hermanitas confesaron su condición de religiosos y sacerdotes y se los llevaron detenidos a los dos Siervos de Dios. “Si me descubren, había dicho unos días antes el P. Girón, no ocultaré mi condición de religioso y sacerdote”. Cuando fueron a llevárselos, el P. Requejo pidió ponerse los zapatos pero los milicianos no se lo permitieron diciéndole que no los necesitaría. Llamó la atención la decisión del P. Girón que de ordinario era un poco pesado y torpe de movimientos, cuando los milicianos le mandaron subir al camión. Una vez en el coche, desaparecieron y ya no se supo más de ellos.
Manuel Requejo
Las religiosas preguntaron después por su suerte, y les dijeron algunos que mientras los llevaban en el coche iban rezando los dos y que se dieron mutuamente la absolución. Las disposiciones en que los dos religiosos se encontraban en los últimos momentos las revela una conversación de los asesinos de vuelta de su triste faena: “Hay que ver estos tíos. Sin soltar el rosario hasta el fin” (Sor Matilde Etienne, Carta dirigida al P. Lucas). Sus cadáveres aparecieron al amanecer del día 31de agosto en un lugar del término municipal de Vallecas llamado Fuente Carrantona, cerca de Vicálvaro. Estas fueron sus actas de defunción:
Cadáver nº 140: Un hombre sin identificar. Hallado el día 31 de agosto en Fuente Carrantona.  Representa unos 55 años de edad, vistiendo americana y chaleco negros, pantalón color marrón a rayas, camisa blanca a rayas verdes, calzoncillos de tela blanca largos con una marca ilegible, calcetines y zapatos negros. Falleció en la Carrantona el día 31 de Agosto del 36. Consignándose además que se le encontró un pañuelo de tela blanca con la inicial J., un rosario un crucifijo unas gafas y una medalla.
Cadáver nº 141: Un hombre sin identificar. Hallado el día 31 de agosto en Fuente Carrantona. Representa unos 60 años de edad, vistiendo una americana gris a rayas, pantalón lo mismo, camisa blanca iniciales en encarnado B.G.C. calzoncillo de tela blanca largo con las iniciales P.S.D.P. camisa blanca, tirantes blancos, calcetines grises y alpargatas negras. Falleció en la Carrantona el día 31 de Agosto del 36. Consignándose además que se le encontró un escapulario. 
No es difícil sospechar que ambos eran sacerdotes por los objetos que les fueron encontrados a los cadáveres; a eso podemos sumar el hecho de los calzoncillos largos, usados por los sacerdotes. La edad coincide, pues ambos andaban por los 64 años, y no es difícil equivocarse en 5 o 10 años a la hora de datar un cadáver. El lugar de hallazgo no está lejos del Asilo y coincidiría con aquellos que decían que les habían matado en Vicálvaro. Por otro lado, las iniciales de los calzoncillos del cadáver 141 (P.S.D.P.) son las siglas usadas por las Hermanitas de los Pobres (Petites Soeurs Des Pauvres). Todas estas coincidencias nos hace sospechar que nos encontramos ante los cadáveres de los dos Siervos de Dios. El hecho de que el segundo cadáver  con alpargatas coincide con lo dicho por S. Matilde Etieenne de que el P. Requejo pidió a los milicianos ir a ponerse los zapatos, pero que ellos no le dejaron diciéndoles que no los necesitaría.
El primero de los cadáveres, que con toda probabilidad pertenece al P. Antonio Girón a consecuencia de fractura del cráneo y pérdida de masa encefálica y el segundo, con toda probabilidad del P. Manuel Requejo, a consecuencia de una fractura conminuta de la base del cráneo. Ambos fueron inhumados en el Cementerio de Vallecas, en el Patio de la Paz con los números 408 y 409 el día 1 de septiembre de 1936. Los dos fueron exhumados y trasladados al Valle de los Caídos.

ORACIÓN
(PARA USO PRIVADO)
Por mediación del S. de Dios Antonio Girón González

Te pido Padre que lo mismo que tu sacerdote redentorista Antonio Girón buscó en su vida durante toda su vida configurarse con tu voluntad y responder día a día con más autenticidad a tu llamada hasta configurarse con tu Hijo mediante el martirio, que me concedas por su intercesión estar en un proceso conntinuo de conversión y de configuración con tu hijo por medio del Espíritu . Por Jesucristo nuestro Señor.

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lunes, 6 de febrero de 2012

BEATO JOSÉ JOAQUÍN ERVITI INSAUSTI (C.H. PASCUAL)

Infancia de José Joaquín


Echalecu es un pequeño pueblo y capital del navarro Valle de Imoz. Allí, en la en casa Zapatañenea, situada en la calle de San Esteban, vivían en el número 19 un matrimonio vascoparlante de agricultores, llamados por Miguel Francisco Erviti Erviti y Micaela Insausti Nuín; él era del mismo pueblo; ella del vecino pueblo de Muzquiz.

El día 15 de noviembre de 1902 a las 1 de la mañana recibieron con alegría el nacimiento de su undécimo hijo, un varón que fue bautizado al día siguiente en la Iglesia Parroquial de San Esteban Protomártir con el nombre de José Joaquín. Vendría después de éste el último de los hijos.

El día 5 de septiembre de 1904 José Joaquín recibía el sacramento de la Confirmación la vecina Parroquia de San Cristóbal de Beiz de manos del Arzobispo de Pamplona, D. José López de Mendoza, que se encontraba de Santa Visita Pastoral en el Arciprestazgo de Larraun, al que pertenece Echalecu. Como ootro hermano se llamaba Joaquín, todos conocían a José Joaquín por el nombre de José.

El sacerdote del Echalecu, D. Pedro Juan Erviti y Ciganda, creó en 1903 una fundación con su patrimonio personal, dedicada a ofrecer la instrucción primaria gratuita para los alumnos del lugar. José, como era conocido, se puedo beneficiar con esta oferta del párroco, a la par que se iniciaba en la vida de piedad y ayudaba en casa cuidando del ganado: “mi oficio era ayudar a misa, ir a la escuela y cuidar el ganado” (Curriculum vitae, p. 1). A los siete años perdió a su madre, y su vida sintió un vacío. Además de ir a la escuela, y cuidar el ganado y ayudar a la Eucaristía adquirió la costumbre de la confesión y comunión frecuente, que nunca abandonó: de niño cada semana y cuando fue adulto todos los meses. Esta vida de piedad fue generando en su corazón el deseo de abrazar la vocación de especial consagración a Dios.

Iglesia de Etxaleku
Vocación de José
 

“… no sé de donde se me vino otra vez el deseo de dejar el mundo y el celo de los infieles. Me puse a pensar seriamente y dije entre mi que aquella era la tercera vez y que tenía mucho significado la tercera vez. Empecé a temblar que aquella seria un llamamiento y tal vez la ultima” (Curriculum vitae. pp. 3-4).

José relee su llamada vocacional desde la del profeta Samuel y descubre como recibió por tres veces la llamada de Dios.

  • 1ª Llamada: A los 14 años se despertó en él el deseo de ser sacerdote; se lo trasmitió a su padre, en el que se encontró una oposición. Pasaron 2 años y cuando tenía ya 16 años y su padre ya estaba dispuesto a que estudiara para sacerdote, pero se desanimó por tener que estudiar.
  • 2ª Llamada: Cuando contaba 18 años sintió uno deseo grande de ser religioso e incluso Misionero, pero entonces se sintió demasiado atado a su tierra. Se fue dando mil escusas para no responder a la llamada, creyendo que serían ilusiones suyas. Estando con esos pensamientos le llegó el momento de cumplir con el servicio militar obligatorio, se alistó en la Caja de reclutas como soldado de cuota; se trasladó a Pamplona, a la casa de un primo, para hacer la instrucción militar. En 1923 comienza la guerra de Marruecos y teme ser movilizado. Se produce en ese momento un retomar la vida de piedad y la oración, asistiendo todos los días a la Eucaristía. “El día del sorteo me confesé y me comulgué e hice un acto de conformidad con la voluntad de Dios, dije que no pedía expresamente que saliera libre, pero que me librara de los enemigos de la guerra o sea de los mozos, y que yo estaba dispuesto a prestar servicio si su voluntad era que yo fuera soldado” (Curriculum vitae. P. 3). En el sorteo quedó libre de cupo, por lo cual regresó a su casa y volvió al cuartel al año y medio para hacer el servicio que le correspondió durante tres meses. No fue malo, pero su piedad se hizo algo más tibia.
  • 3ª Llamada: Al volver al pueblo siguió siendo el que había sido siempre. Intensificó la vida espiritual, meditaba mucho y leía unos evangelios que le habían dado. Se dedicó al pastoreo y a la caza, y es entonces cuando volvió a sentir la llamada de Dios, la tercera como el profeta Samuel.

Respuesta a la llamada:
Esta vez se lo tomó más en serio y para tomar la decisión marchó a Loyola (Vizcaya) del 21 al 27 de febrero de 1926 de Ejercicios Espirituales. De ellos salió medio decidido a ingresar como religioso, pero dos nuevos obstáculo se van a interponer ante la voluntad de Dios:

  • Obstáculo 1º: sus aficiones simbolizadas en la caza de palomas. Como no acaba de resolverse decidió hacer otros ejercicios en febrero de 1927. Al fin, un día de mediados de agosto de ese mismo año le dijo a su hermano mayor que se había decidido a ingresar en la Vida Religiosa; que, aunque tuviera que ir pidiendo de puerta en puerta, no dejaría de probar su vocación.
  • Obstáculo 2º: la familia, simbolizada en la enfermedad terminal de su anciano padre. Este moría el 18 de mayo de 1928. Solucionado ya este último obstáculo buscó dónde encaminar sus pasos. Primero pensó en ser Jesuita, pero el Sr. Cura lo encaminó a los Redentoristas.
El 31 de mayo de ese mismo año, a los 26 años de edad, entraba como Postulante en la Comunidad Redentorista de Pamplona (Navarra).

José Joaquín se convierte en el H. Pascual
Vida como Religioso de la Congregación del Santísimo Redentor


Comunidad de Astorga (León) 1933.
H. Pascual el 3º de la derecha de la penúltima fila
El 31 de mayo de 1928 entraba por las puertas de San Ignacio, Comunidad de los Redentoristas en Pamplona (Navarra). A los quince días tomaba el tren camino de El Espino (Burgos), donde hizo seis meses de postulantado. Le costó hacerse al nuevo ritmo de vida, pero el día de la Virgen del Perpetuo Socorro (27 de junio) desaparecieron sus vacilaciones. Durante los seis meses que estuvo allí, se encargó de las cuadras. El 31 de diciembre de 1928 llegaba a la Casa Noviciado en Nava del Rey (Valladolid). Estuvo algo más de un año como postulante, acostumbrándose al ritmo que allí se marcaba y el 23 de febrero del año siguiente vistió el hábito redentorista y comenzó el Noviciado dirigido por el Maestro, el R.P. Rafael Cavero. Después de un año de Noviciado, profesó el 24 de febrero de 1930. Para significar el cambió de vida adoptado cambió de nombre, y en vez de ser llamado por José Joaquín comienza a responder por el de C.H. Pascual. La impresión que en el P. Maestro dejó fue la de una persona con gran espíritu religioso y de piedad, serio, prudente, humilde y trabajador.

Emitidos ya sus votos temporales, sale de Nava de Rey (Valladolid) el 1 de marzo de 1930 camino de Astorga (León), donde le encargan los oficios de las cuadras y el de cocinero segundo. En esta comunidad estará hasta finales de 1934. En Astorga le tocó contemplar la revolución de Asturias de octubre de 1934, que en Astorga tuvo un eco especial. De este periodo se conserva una carta dirigida a su familia en la que les dice:
  
H. Pascual en 1934 en Astorga. (1º de 2ª fila desde atrás)
"Astorga (León), 21 de Diciembre de 1934. ... Tengo el gusto de dirigiros un cordial saludo a toda la familia: supongo que todos estarán bien, yo sin novedad gracias a Dios, a pesar de tantos rumores y movimientos revolucionarios, pero estos nada nos han turbado, andan como perros rabiosos alrededor nuestra; se ve que la mano de Dios los detiene, todas las revoluciones del mundo nada nos podrán hacer si nosotros somos fieles a Dios, lo más temible es nuestra infidelidad…"

El 23 de diciembre de 1934 va destinado al Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, el escenario de su martirio. Hará su Profesión Perpetua el 24 de febrero de 1935. Durante el año y medio que va a estar en Madrid, trabajará en la cocina. Va a vivir las elecciones de 1936 y la quema de varias iglesias. Eco de la situación convulsa que se vive en la capital es la carta que escribe a su hermano Joaquín el 23 de abril de 1936:

"Mi estimado hermano y demás familia en N.S. Jesucristo. Yo he esperado a escribir a ver si venían tiempos mejores para comunicarles, pero esto se va poniendo cada vez mas oscuro, si Dios no remedia, mal camino lleva la situación actual; nosotros estamos bien hasta ahora. Aquí quemaron 2 ó 3 iglesias pero la nuestra no. Adoremos los justos juicios de Dios porque, para ir al Cielo hay que hacerse violencia. Supongo que todos estaréis bien, y recen todos los días el santo rosario solo Dios nos puede salvar, de Andalucía cuentan cosas muy tristes….”
La impresión que dejó entre aquellos que le conocieron como religioso es el de una persona muy buena y sencilla, afable y humilde, con una honda experiencia de Dios que se ve manifestado en la vivencia de las virtudes en grado heroico.

Persecución y martirio del Siervo de Dios

El H. Pascual al salir de casa el día 21 de julio de 1936, fue junto con el H Aniceto Lizasoaín a la casa de Dª Emilia Alcázar, madre del R.P. Antonio Hortelano, situada en la vecina calle de Nicasio Gallego nº 1. Allí estuvo unos tres días, y tuvo que salir porque le seguían la pista, como si tuvieran interés en cogerle; esta impresión quedó confirmada cuando fue detenido en casa de los Sres. Nandín, en donde uno de los milicianos dijo: “A este pájaro veníamos buscando y no se nos podía escapar” (Concepción Fernández de la Puente, Viuda de González Nandín, Carta manuscrita dirigida al R..Colmenares … Cádiz, 14 de octubre de 1952). Durante este tiempo, en medio de del miedo y la incertidumbre e los contecimientos, no paraba de rezar; siempre que Dª Emilia Alcázar entraba en su habitación para ver como estaba, se lo encontraba de rodillas, en silencio y rezando. Un día le dijo “No me importa morir, con tal que España se salve”. Por el peligro que corría en aquella casa, tuvo que cambiarse por el S.D. Rafael Perea (C.H. Máximo) e irse con el S.D. José Mª Urruchi a la casa de los Sres. De Nandín, en la Calle Manuel Silvela, nº 3, piso 1º. 
C. Manuel Silvela nº 3, piso 1º.

En la casa de D. Roberto González Nandín y Dª Concepción La Puente ambos religiosos como monjes, dedicándose a llevar una intensa vida de piedad, pasándose el día rezando. “Su vida era estar en sus habitaciones o en la capilla donde estaba el Santísimo, y por las noches se pasaba también mucho tiempo allí, pareciéndome a mí que el Hermano, más. Esto no sé si a mi manera de ver o por mostrarse más comunicativo el Hermano, manifestaba más ánimo en todo momento; pero resignados y con conformidad los dos … Siempre se los vio contentos y dándonos ejemplo de humildad, paciencia y conformidad, así como de mortificación en las comidas; pero como debo decir toda la verdad... todo esto lo vi más marcado en el Hermano” (Concepción Fernández de la Puente, Viuda de González Nandín, Vidas del R..P. José María Urruchi y del H. Pascual Hervitis …, 30 de julio de 1944).


El viernes, 21 de agosto, a las 10 de la mañana, entraron los milicianos a registrar la casa. Al descubrir a los dos redentoristas los mandaron sentar a la espera de que regresara D. Roberto y quedando un miliciano al cuidado de ellos (Concepción Fernández de la Puente, Viuda de González Nandín, Carta manuscrita dirigida al R..Colmenares … Cádiz, 14 de octubre de 1952). La esposa de D. Roberto Nandín dice que “el Hermano al enterarse que se llevaban a mi marido dijo ‘¡Dios mío que me maten a mi y no a Dn. Roberto, con lo que ha hecho con nosotros!’. Y en el momento de salir se volvió a mi suegra y a mi y nos dijo ‘que Dios les pague todo’” (Concepción Fernández de la Puente, Viuda de González Nandín, Vidas del R..P. José María Urruchi y del H. Pascual Hervitis …, 30 de julio de 1944). Los llevaron a la Checa instalada en el Palacio de Rodas, Calle Españoleto nº 19. La misma noche el portero de la casa trajo la siguiente noticia “De D. Roberto no sé nada; a los frailes los matan esta noche” (Concepción Fernández de la Puente, Viuda de González Nandín, Carta manuscrita dirigida al R..Colmenares … Cádiz, 14 de octubre de 1952).

El cadáver del Siervo de Dios fue recogido en la mañana del 22 de agosto de 1936 por la Cruz Roja en la Pradera (Pradera de San Isidro), en el término municipal de Madrid y llevado al Depósito Judicial (Registro Civil de Madrid (Chamberí), Sección 3ª, Tomo 117-2, folio 126). El cadáver del Siervo de Dios José Joaquín Erviti (C.H. Pascual) fue inhumado en el Cementerio municipal de Madrid (hoy de la Almudena) el 23 de agosto de 1936, como cadáver sin identificar en una sepultura de 4ª temporal, situada en el cuartel número 35, manzana 40, letra E, como cuerpo nº 5; allí estuvo hasta que, después de ser identificarlo a través de la fotografía del cadáver en 1945, pudo ser exhumado y llevado al Panteón de los Misioneros Redentoristas en el mismo Cementerio de la Almudena el día 24 de noviembre de 1947. Entre sus restos se encontró una medalla de San Miguel “In Excelsis” y la medalla escapulario con el Sagrado Corazón y la Virgen del Perpetuo Socorro.
ORACIÓN

Por mediación del Beato José J. Erviti (H. Pascual)

Te pido Padre que lo mismo que llamaste al beato José Joaquín para que se consagrara como Redentorista y cambiaste su nombre por el de H. Pascual, sigas llamando a personas que se unan por su consagración al Misterio Redentor de Cristo y a mi me concedas por la intercesión del Siervo de Dios y de sus compañeros de martirio ser trasformado cada día por tu Espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor.


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